Tenía…
¿O me teñía?
¿Me veía?
¿O lo sentía?
Marte era un planeta sagrado,
aquel indómito coloso sajado;
granos labrados por manos de artesano,
pero el dolor carcomió sus papilas.
Acuñan sus nombres entre letras por años,
sin penas a la espalda,
sin vocales al azar.
Tenía y ya no tengo…
¿Fui o vengo?
Así de efímera es la vida en su superficie:
un día dura siete, y siete a veces quince.
Quisiera dar más vueltas en el rojo,
pero en el velo de mi ojo
Venus encarnó
y el polvo me ahogó…
Mi hálito emana desdicha;
por breves momentos
cuentan esta historia
el beneplácito del día,
un ocaso que prometía
cambiaría mi valía…
pero nunca contaba
con que duraría.
Los anillos de Saturno
desde aquí se sienten bellos.
¡Qué no daría
por perderme en sus arenas,
dejando que sus piedras
sepulten las mías!