He muerto sin darme cuenta;
ni siquiera la dicha del suicidio me di.
El letargo de estar sin ser es lo que tengo.
Lo que me queda conscientemente
se lo ofrezco a Xipetotec
para intentar matarme dignamente:
aprovechando lo que queda de vida,
y lo considero del modo más simple:
entregarme a la virtud con una pizca de vicio:
compartir un trago con amigos,
conocer la resistencia y fuerza de mi cuerpo,
mantener inquieta y libre la mente,
que el espíritu busque el sol,
sudar y disfrutar junto a otra piel.
Algo simple, vivir con fallas
que implica ser humano
y no con la perfecta calma de un cadáver.
por:
Abel