Primer cuento

La última vez que vivió, ya no lo recuerda, fue hace tanto que sus huesos ya se sienten débiles, no vislumbra el día que esto termine, en que la fatídica realidad cobre la tan merecida factura que fue pactada el día que le dieron a luz.

El cansancio mental donde las palabras ya no evocan nada en ninguna parte de su ser, ni en su mente y mucho menos en su alma. El rumbre que en la chimenea de su cabeza habita, ya no le permite ver el mañana con una luz esperanzadora que logre iluminar el cuarto de su vida, mas bien evoca y refrenda la despiadada sombra que la realidad proyecta sobre todos, una sustraccion pausada de la felicidad y sin embargo aquí se encuentra, con un anhelo de algo que no sabe nombrar, sobre algo que no tiene sentido, con el espíritu erigido sobre los hombros aquello que llama esperanza y con la vista postrada en la inmensidad de las posibilidades, no así viviendo en la idealización de un futuro mejor, sino mas bien a la disidencia del sinsentido que fue elegido sin su consentir.

Siempre que piensa en ello, no puede evitar notar la dualidad que en todo habita, siempre desdeñando el término “equilibrio” que si bien en muchas ocasiones se convierte en una brújula, la cataloga una utopía, pues bajo el presupuesto de una moral objetiva inalcanzable, no queda mas que atender a los preceptos y congruencia que su ética y contexto le permiten aspirar.

Pero, ¿qué es de su aspiración sin su humanidad?, ¿qué es de su humanidad sin deseos ni recuerdos?, ¿qué es sino humano? ¿Cómo puede vivir pensando que de facto “va a fallar”?

No tiene ninguna de esas respuestas, pero es en la esperanza y en cada día nuevo, que hallará la forma de darle un sentido que le aleje del destino que todos enfrentaremos, un día a la vez, por el resto de su días.

rasera del autobús y sólo se escuchó un “bajan”. La puerta se abrió. Aún faltaban unas cuadras, pero decidió por primera vez que llegaría caminando.