Todas las mañanas, cuando despertaba, ella ya estaba en su sitio. Parecía tan tranquila, recostada, tomando el sol. Esa tranquilidad que proyectaba siempre le provocaba inquietud: ¿Cómo alguien puede sobrevivir sin preocuparse?Aunque no podía recordar cuándo la conoció, de inmediato supo que ella era especial, pese a que siempre se comportaba esquiva cuando él intentaba acercarse.Los días pasaron y por cuestiones de trabajo tuvieron que distanciarse, pero siempre procuraba saber algo de ella.Un día tuvo la oportunidad de volver al lugar donde la conoció, pero sintió que el tiempo le embargaba el alma al ver que ella no llegaba.Pensamientos fatuos cubrieron su mente y solo podía imaginar lo peor. Estaba por marcharse cuando, de repente, volvió la vista por última vez y su corazón estalló al ver que ella estaba ahí.Cuando miró sus profundos ojos, entendió que todo estaba bien, que ni el tiempo ni la distancia habían afectado su relación. Entonces se armó de valor y corrió hacia ella para estrecharla en sus brazos y ella le correspondió.En ese momento, en ese abrazo, el tiempo se detuvo por un instante para ellos. Entre sus manos y su pelaje, todo era perfecto.